Bien ser, bien hacer, bien estar y bien ser (Conferencia). Por Carlos Kasuga Osaka

Sr. Carlos Kasuga Osaka: Muchas gracias, muy amables. En verdad, quiero agradecerles a todos ustedes y al 5º Congreso Nacional de Educación la invitación que me están haciendo en la mañana de hoy; la oportunidad para poder platicar con ustedes, los maestros, los que moldean, cincelan, pulen y forman a los mexicanos del año 2050.

En verdad, por esa gran labor, mi respeto, mi agradecimiento y mi profunda gratitud.

Primero, yo quisiera presentarme. Mi nombre es Carlos Kasuga Osaka, soy hijo de unos inmigrantes japoneses que tuvieron la visión, la dicha de escoger este hermoso país y con moldes japoneses me hicieron aquí en México. Soy de fabricación japonesa pero orgullosamente hecho en México.

Esto me dio la gran oportunidad de vivir en un hogar netamente japonés, con idioma, costumbres, comida, tradiciones japonesas y, lógicamente, desarrollarme en el medio nacional.

Somos empresarios desde los 20 años, empezamos con una pequeña fábrica de juguetes inflables, salvavidas, pelotas de playa, con la marca Kai, y les puedo decir que en mi juventud nos atrevimos a fabricar los cinco Aros Olímpicos de la Olimpiada de México, que fueron unos salvavidotas de 25 metros de diámetro cada uno, los cuales se inflaron con helio y que ese 12 de octubre de 1968 se soltaron, en esa época todavía cielo azul de la Ciudad de México.

Y ahora estamos dirigiendo la empresa Yakult, una empresa que gracias al consumo de muchos de sus alumnos estamos vendiendo más de 3 millones 500 mil frasquitos diarios.

Pero para tener una empresa de calidad, una familia de calidad, una institución de calidad, lo primero que tenemos que hacer -maestros, maestras-, es empezar con nosotros y con nuestra gente de ir formando hombres de calidad total, y para ello se necesitan seguir cuatro pasos:

El primer paso es del Bien Ser, del ser puntuales, del ser respetuosos, del ser honestos, del ser disciplinados, del ser trabajadores, del ser estudiosos.

Si aquí somos 600 gentes y empezásemos la conferencia 10 minutos tarde, son 600 por 10, serían 6 mil minutos; 6 mil minutos entre 60 minutos que tiene cada hora, se hubiesen perdido 100 horas y las pierde nuestro México.

Si un maestro en su clase tiene 30 alumnos y empezase la clase 10 minutos tarde, son 30 por 10, son 300 minutos; 300 minutos entre 60 minutos que tiene cada hora, se han perdido cinco horas de clase, maestros, y esas cinco horas de clases saben cuándo se vuelven a recuperar, nunca más en la vida.

Por eso, el ser puntuales es de vital, vital importancia.

El segundo paso es el Bien Hacer. Todo lo que hagas hazlo bien desde un principio. Si te vas a levantar, hazlo bien; si te vas a bañar, hazlo bien; si te vas a despedir de tu pareja, de tus hijos, hazlo bien, como si hoy fuera el último día que lo vas a hacer, abrázalos, bésalos, dales lo mejor de ti.

Si vas a trabajar, hazlo bien; si vas a estudiar, hazlo bien; si vas a jugar fútbol, hazlo bien, métele cinco goles al América, no es cierto.

Y si en la noche, maestros, van a hacer el amor, también háganlo bien, háganla ver estrellitas a la condenada y no nada más porque se los pidió y al aventón.

Hay que hacer bien las cosas siempre.

Y las personas que dan más de lo que reciben, a su esposa, a su pareja, a sus hijos, a sus vecinos, a sus alumnos, a sus compañeros, a su trabajo, van a sentir el tercer paso, que es el Bien Estar.

Y ojalá todos terminemos, todos los días y antes de entrar a descansar a nuestras camas, sintiendo este bienestar, porque el día de hoy di lo mejor de mí a todas las personas con las cuales tuve contacto. Y eso, señores maestras, maestros es sinónimo de felicidad.

Y las personas que siguen estos tres pasos del bien ser, bien hacer y bien estar tarde o temprano llegan al bien tener. Por favor, no busquen el tener rápido y fácil sin haberlo hecho bien, y mucho menos de sentirse bien, porque de eso, como ustedes saben, ya están llenos los CERESO´s en México, y desgraciadamente ya no cabe otro chango más ahí.

Ahora, de estos cuatro pasos del bien ser, bien hacer, bien estar y que como resultado de ello se llega al bien tener. Creo yo que el más importante de todos ellos es el primero, el bien ser.

Miren el error que yo veo en lo personal que tiene el sistema educativo nacional, de la Secretaría de Educación Pública y de muchas universidades tanto públicas, como privadas es que sólo damos educación de conocimientos; nos preocupamos desde pequeños por el 5, el 8, el 10 que estemos sacando en lengua nacional, en matemáticas, ciencias sociales, ciencias naturales. Ya en las licenciaturas se preocupan por química, por física, por cálculo, por derecho, por contabilidad, por anatomía, por biología; pero si se fijan son puros conocimientos.

De lo que adolece el sistema educativo nacional es que no demos educación formativa, educación de valores. Aunque en México, como ustedes saben, hay dos instituciones muy poderosas, llamadas Televisión Azteca y el canal de las estrellas, que tal vez con mucho más poder que la propia Secretaría de Educación Pública, porque llegan hasta el rincón más alejado de nuestra provincia; van haciendo creer a través de sus telenovelas que así es como se debe vivir, que así se adquieren los votos para ser diputado o senador, que así se adquieren los ranchos, las haciendas o así se conquista el amor de una mujer a través de intrigas, de malas jugadas, de chismes, de traiciones y de falsedades.

Y si yo estoy equivocado, acuérdense, maestras, cuando estaba Mirada de Mujer en todo su apogeo, cuántas señoras cincuentonas querían tener su peluchito en casa; y últimamente cuántas han querido ser las jimadoras para ser las novias de Enrique Peña Nieto o hacer bizcochitos con los hermanos Reyes, o Soy tu Dueña, Dos Hogares.

Esta es desgraciadamente la educación que nuestra sociedad está absorbiendo, y creemos que así es como debemos de vivir. Ahí viene la labor de los maestros.

Miren, hace 34 años, cuando estábamos celebrando el 80 aniversario de la migración japonesa a México, hubo un grupo de líderes de la comunidad mexicana o japonesa que nos reunimos para pensar cómo podríamos agradecer a nuestro México toda la hospitalidad, toda la amabilidad con que México había recibido a nuestros padres y abuelos; se pensó en un hospital, en un campo deportivo, en un monumento conmemorativo.

Pero al final de cuentas concluimos que lo que más hacía falta en nuestro país eran escuelas, y es por ello que al sur de la Ciudad de México hemos construido lo que se llama Liceo Mexicano Japonés, una institución educativa donde hemos tenido el gran honor, pero también la gran responsabilidad de tener a hijos de presidentes de la República, a hijos de secretarios de educación, a hijos de gobernadores que han mandado a sus hijos a nuestra escuela, no porque la colegiatura sea barata o cara, eso para ellos no cuenta. Como ustedes saben, los han mandado a nuestra escuela porque tratamos de dar mucha educación formativa.

Por ejemplo, en el Liceo Mexicano Japonés no hay gente que haga el aseo, son los mismos chicos los que hacen el aseo de su escuela, se les enseña cómo agarrar la escoba, cómo palanquear una escoba, cómo barrer un rincón, cómo poner el recogedor, cómo doblar una jerga, cómo exprimirla, cómo gastar menos agua, porque –maestros-, ustedes saben, que la calidad empieza siempre desde la limpieza; la productividad empieza siempre desde la limpieza; la ecología empieza siempre desde la limpieza; la salud empieza siempre desde la limpieza.

Pero vean ustedes cómo educamos en estas escuelas, a los chicos que más mal se han portado en la hora de recreo, que fueron Felipe, Marcelo, Andrés, Enrique y Juan, la maestra les dice: Ahora de castigo me van a recoger toda la basura del patio. Y hacen creer a los chicos que recoger basura es castigo, que es para gente mala, y es por ello que vean cómo tenemos nuestras calles, nuestros parques, nuestros ríos, que parecen drenajes; nuestros mares y nuestros bosques.

Cuando debemos de enseñar a nuestros hijos, a nuestros alumnos, a nuestros trabajadores que la virtud más noble que debe tener el ser humano es la limpieza. Si nosotros tenemos la fortuna, la dicha y la plena libertad de poder pisar esta bendita tierra de México, al menos, al menos, maestros, tenemos la mínima obligación de no ensuciarla y no ensuciarla nunca.

Pero como los chicos van creciendo en escuelas donde siempre se van a encontrar dizque mexicanos de tercera, que no tuvieron la oportunidad, como la tienen nuestros hijos de tener estudios, van creyendo que siempre va a ser así en México, que siempre va a haber gente que va a estar recogiendo y barriendo la basura y las cochinadas que nuestros hijos tiran en los salones, en los patios de las escuelas o enfrente de su escuela, y van creyendo que siempre va a ser así en México.

Y es por ello que se van formando directores, ejecutivos, empresarios, gerentes que ésos sí tienen su baño privado, espejos, relucientes, jabones perfumados, toallas blancas y el baño del trabajador o del alumnado es un verdadero cochinero.

Ustedes creen que el trabajador de México o los niños de México no tienen dignidad, no tienen orgullo, no tienen sentimientos, y al ver esta diferencia es por lo cual los niños y los alumnos y los trabajadores de una empresa nunca se ponen la camiseta.

Yo los exhorto a que vengan y conozcan mis empresas, para que en ellas vean que todos hacemos pipí y popó en los mismos baños, porque para mi manera de ver tanto la popó del Presidente Felipe Calderón o del señor Marcelo Ebrard o de los candidatos a la Presidencia o de los señores del sonido, los que tienen las cámaras, al final de cuentas o el mío, a final de cuentas huelen igual. Entonces, para qué estar haciendo estas diferencias.

También hablando del tiempo, les enseñamos que cuando nosotros nacimos, cuando nacieron sus hijos, cuando nacieron sus alumnos inmediatamente esos padres les abrieron un cuentón de medio millón, pero no de medio millón de dólares, ni medio millón de pesos. Les abrieron un cuentón de medio millón de horas-vida, y depende de cada uno de nosotros si esas horas las gastamos o las invertimos. Hoy, 31 de enero del 2012, nunca más va a volver a nuestras vidas, nunca más. El día de hoy nada más tiene 24 horas, las cuales no las podemos guardar para las vacaciones de Semana Santa, no las podemos guardar para nuestra vejez. No tenemos más que dos oportunidades de invertirlas o de gastarlas.

Y yo quiero agradecerles a todos ustedes que estén invirtiendo esta hora y media con un servidor que espero en verdad sea de lo más productiva. Primero, para sus personas; segundo, para sus familias, para sus escuelas, para nuestro México.

También no quisiera que llegasen a ser directores, ejecutivos, gerentes o empresarios de esos que se atreven a poner reglamentos que se va a sancionar al trabajador que llegue 10 minutos tarde, y tú llegas una hora o dos horas después en carro último modelo, y condenado empresario vives a ocho cuadras de distancia del changarro, no la jodas.

El pobre trabajador que se tuvo que levantar muy temprano, caminar ocho cuadras, tener que tomar el colectivo, tener que venir soportando el olor del peluche del sobaco del vecino por más de 40 minutos, y que por un accidente de tránsito llega un minuto tarde: sancionado, te regresan a tu casa.

¿Qué crees que siente ese trabajador? Lo único que siente es rabia, coraje, injusticia. El buen jefe, el buen director, el buen ejecutivo, el buen empresario debe ser siempre el primero en llegar y el último en irse.

El ejemplo arrasa, señores. El ejemplo es lo que causa admiración. El ejemplo es lo que va creando la disciplina. El ejemplo de las cabezas, porque recuerden -maestras, maestros-, que los pescados se pudren siempre por la cabeza, nunca por la cola; los pescados se pudren por la cabeza, nunca por la cola. Como esté arriba estará abajo; como esté afuera estará adentro, es por ello que la cabeza siempre debe ser la que sea congruente con lo que pide, con lo que ordena.

Cuando un director llega a su escuela, créanme que maestros, alumnos, todos lo están observando. Si el director agarra, recoge la basura y la va a tirar al basurero, ese es mejor ejemplo para decir a todos los alumnos, a todos los maestros que quiere una escuela limpia, no es con gritos, con manotazos como la escuela se va a poner limpia.

También no sé si de aquí alguien haya ido al Japón, que levante la mano.

Bueno, no me van a dejar mentir, ¿Quién creen ustedes, primero que sea más rico, Japón o México? Japón hasta el año pasado era la segunda potencia económica mundial, fíjense. Japón solo produce la riqueza de Alemania, Inglaterra y Francia juntos.

Pero a pesar de eso, a pesar de ello este país, nuestro México, es mucho más rico que el Japón. Para empezar, es cinco veces más grande que el Japón.

Del subsuelo de Japón no sale una sola gota de petróleo, ni de goterito y eso que tenemos los ojitos chiquitos, mano. Y esta bendita tierra nos regala tres millones de barrilotes diarios, a los mejores precios internacionales, y decimos que hay pobreza.

De las tierras de Japón no sale acero, no sale cobre, no sale oro, mucho menos plata, y esta bendita tierra nos da toneladas y toneladas de acero, de hierro, de oro y de plata, y decimos que hay pobreza.

¿No seremos que lo que está mal somos nosotros?, pregunto.

Ocho mangos, señores, en Japón valen 100 dólares; ocho mangos, 100 dólares, mil 300 pesos.

En Chiapas, con mi amigo Álvarez, se tapizan los pisos de mangos. Le dices a los chiapanecos: “Oye, ¿Por qué no lo recoges?”, “no, son un montón”; -recógelos para venderlos, -no, nadie mes los compra, todos tienen.

En Japón en estas fechas, donde hay dos metros de nieve, no consigues un jitomate crudo, menos una papaya o un plátano, y esta bendita tierra nos los da, sin reclamar nada.

Y quién se lo sabe agradecer, quién lo sabe aprovechar, quién le da gracias y agradecimiento a esta bendita tierra por todo lo que este México nos regala con creces, señores.

Por eso debemos de amar a México, debemos de luchar por esta tierra, porque tenemos todo, todo para salir adelante.

Vean ustedes, hasta en amor somos mucho más ricos.

La señorita que estuvo en Japón me puede asegurar que nunca vio ahí abrazándose a los japoneses, besándose y menos cachondeándose. Todos trabajando.

Y aquí llegas y todo mundo te saluda, todo mundo te abraza, hay amor, hay cariño.

En la Navidad pasada, me acuerdo, mi vecino, ya con unas copitas me agarró aquí de la nuca, puso su frente con mi frente y me dice: “te amo, chino”, le digo: “oiga, yo no soy chino”. Pero así de rico en amor es nuestro México. En verdad, es un país que es rico en todo: En paisajes, en recursos naturales, en alimentos, en minerales, en amor. En todo, señores.

Lo que tenemos es una mentalidad de pobreza, de que somos tercermundista, que nos ponen contra el Brasil ya perdimos, nada más por oír que nos pusieron contra el Brasil, ya perdimos; ya derrotados, de ante mano.

Señores, no, por favor, tenemos todo para salir adelante y todo esto se puede revertir con la educación nada más, con amor a México, con cariño, con esfuerzo, con ejemplo de parte de nosotros los maestros para sacar a este país adelante. Porque sí se puede, tenemos todo, son 15 horas de vuelo desde México a Japón, siempre van a llegar en la tarde o al anochecer o muy temprano, porque en Japón después de las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana del día siguiente, sobre los cielos de Japón no vuela un sólo avión, porque con el ruidero de los motores del avión van a levantar a los ancianos, a los enfermos o a los bebitos que duermen en los pueblos en las ciudades del Japón. Siempre es el respeto a las mayorías, por lo tanto, van a llegar en la tarde, en el anochecer, échense un buen baño, una buena cena y descansen de estas largas 15 horas de vuelo.

Pero a la mañana siguiente yo quisiera que hicieran la siguiente prueba, saquen su camisa o su blusa a lavar, pero antes de sacarla a lavar pónganle un billetote de cien dólares, métanla en la bolsa a la lavandería y ustedes váyanse de turistas, váyanse de compras, váyanse a trabajar, a estudiar, a lo que hayan ido en Japón, y cuando regresen en la noche van a encontrar una camisa perfectamente lavada y planchada y al lado los 100 dólares. Si no aparecen estos 100 dólares, yo en apuesta pública les pago mil, y teniendo aquí al Secretario (Ejecutivo del CEN del SNTE) de testigo de que no me les echo para atrás.

Cuando salgan a la calle van a ver estaciones del metro que alrededor de la estación hay cientos, miles de bicicletas y de motocicletas con que la gente va de su casa a la estación, deja su bici, deja su moto sin cadenas, sin llaves, sin candados; agarra el tren, se va a trabajar 8, 10, 12, 14 horas, regresa en la noche, agarra su bici, agarra su moto con la cual regresa a su casa.

Si está lloviendo en la delegación Benito Juárez, la Miguel Hidalgo, Coyoacán, Iztapalapa, ponen alrededor de la estación cantidad de paraguas que la gente agarra, se va a su casa y al día siguiente regresa ese paraguas a la estación; tal y como sucede en la estación de Nezahualcóyotl aquí en la Ciudad de México.

Nos da risa, ¿verdad maestros?, cuando nos deberíamos de preguntar como maestros, ¿Por qué lo podrán hacer los japoneses si son mucho más feos que nosotros, y por qué no lo podemos hacer nosotros?

Saben ustedes por qué maestros, porque allá se educa bajo un principio, de que si no es tuyo debe ser de alguien, si no son tus crayolas, niñito, deben ser de alguien; si no es tu baloncito, debe ser de alguien; si en la normal, en el baño te encuentras un celular, una cartera, un reloj, no son tuyos, deben ser de alguien. Maestros, si en la fiesta de fin de año se encuentran a una señora y no es suya, pues debe ser de alguien; no se trata que yo la vi primero.

Si yo aquí en el Centro, aquí en el Zócalo me encuentro una cartera, chin, yo la vi primero, veo inmediatamente cuánta lana trae y me volteo hacia la Iglesia, hacia la Catedral, “gracias, Diosito, cómo supiste que estaba tan jodido”, y tiene la credencial de tómate la foto, y no es la 03, es la nueva, ¿Y la regresaste Kasuga? ¡Que bruto eres!.

Pero cuando te educan bajo el principio de que si no es tuyo debe ser de alguien, las cosas cambian rotundamente. Y ustedes como maestros ¿Saben lo que nuestro país tiene que gastar en tener policías?, y sobre todo policías que tengan que vigilar a esos policías, en alarmas, en cajas fuertes, en candados, en llaves, simplemente porque no se invirtió en la educación, de que si no es tuyo debe ser de alguien. Tan sencillo como eso.

Me van a decir: es que en México así somos, es muy difícil. No es cierto. Miren, les decía que yo tenía una empresa. A los 20 años estaba estudiando en la Escuela Bancaria y Comercial, que aquí está en Reforma con Insurgentes, y tenía clases de las 7 de la mañana a las 9 de la mañana, después de 6 de la tarde a 9 de la noche. En las tardes cuando yo iba a la Bancaria en las avenidas de México, en los semáforos siempre van a encontrar a jovencitos que venden la Extra y el Ovaciones, los periódicos de la tarde. Yo les compraba el Esto y el Ovaciones cuando estos valían 35 centavos y les pagaba con un billetote de 100 pesos. Me decían: Oiga, no tengo cambio, estoy empezando, yo les respondía: No te preocupes, 9:30, 10 de la noche que pase de regreso por aquí me regresas el cambio y no va a haber ninguna bronca. Muchos no me regresaron el cambio, pero otros me dijeron: Joven, aquí está. Todavía me decían joven. Joven, aquí está su cambio. Y esos cuates que me dijeron: Joven, aquí está su cambio, son actualmente los ejecutivos de las empresas, tienen casa particular, coches último modelo, mandan a sus hijos a las mejores universidades de México y todavía se dan el lujo de tener una casa de campo en Morelos o en el Estado de México.

Es por ello que yo me auto-autorizo para poderme parar en un foro tan prestigiado como éste para decirles: Maestras, maestros que con México, con su gente se puede, siempre y cuando se imparta educación formativa, educación de valores. ¿Para qué quieres tener en tu negocio o en tu empresa o en tu institución a un contador, un mecánico, un licenciado, con dos maestrías y un doctorado si no es puntual, si no es honesto, si no sabe trabajar en equipo? Mientras más años lo tienes en tu negocio más daño te va a ocasionar.

Los valores –maestros-, no tienen título, no tienen maestrías, no tienen doctorados, pero es lo que hace a las familias ser de calidad. Es lo que hace al individuo ser de calidad. Lo que hace a una institución ser de calidad, lo hace a un país ser de calidad: Los valores.

También han escuchado cómo se dice en nuestro idioma español: Se cayó, se rompió, se perdió, se quebró, se manchó. ¿Quién lo hizo? Quién sabe. Nadie dice yo lo rompí, yo lo quebré, yo lo descompuse, yo lo perdí, yo lo manché.

Vamos a suponer en la imaginación que goleamos 4-0 a Brasil en el Mundial, aunque sea en sueños, pero puede ser realidad. Entonces, al día siguiente en todas las primarias de México créanme que se va a estar jugando futbol, todos creyéndose los “Pichichis” del salón, los “Chicharitos”, los Rafa Márquez, todos bien emocionados jugando fútbol. Esto chicos que tengo aquí enfrente son de cuarto año de primaria, total y rompen el cristal de la Dirección. Viene lo maestra Anita y dice: ¿Quién de ustedes fue? ¿Cómo se llama usted? Leopoldo, que tiene la cara de ser el más honesto de los niños levanta la mano y dice: Yo fui maestra. Pobre de Leopoldo, le ponen una regañada, lo castigan, hacen que vengan sus papás, que paguen el cristal de la Dirección y es castigo tras castigo. Los demás compañeritos de Leopoldo no lo dicen, pero lo piensan: ay qué pendejo Leopoldo, para qué dijo el guey. Bueno, así hablan los niños de cuarto año de primaria, por si no sabían.

Pero después crecemos y trabajamos en una empresa que ha adquirido esta maquinaria que es 20 veces más productiva que la máquina que había adquirido el fundador, y ahí ponemos a nuestro mejor técnico que se llama Álvaro, nuestro mejor técnico al frente de esta máquina.

Álvaro se siente muy contento, muy reconocido, Álvaro dice: “Después de trabajar cuatro años en este pichurrienta empresa, hasta que se dan cuenta los brutos que soy el más chilaquil de los técnicos”, se aprende estos manuales y esta máquina no vuelve a funcionar sin que Álvaro le meta mano.

Pero a esta empresa le ha llegado un gran pedido de exportación que tiene que cumplir en tiempo y en forma. El dueño y todos los gerentes van con Álvaro y le dicen: “Álvaro confiamos en ti, sabemos que sí nos vas a sacar del atolladero, le echas todos los kilos, por favor”.

Álvaro esa noche no duerme y a la mañana siguiente dice. “Si yo le muevo esto, seguro que va a producir más”, le mueve y chin, se para la máquina.

Todo mundo se asusta, “Álvaro, ¿Qué le hiciste?”, dijo: “Nada, se paró. Se los juro que se paró”.

Viene nuestro técnico, no le da, hay que traer al técnico de Alemania para que diga: “Es que alguien movió esto”. ¿Y saben qué hacen con Álvaro? Lo corren.

Pero vean –maestros-, la verdadera intención de Álvaro era meter el gol del gane, pero chanfleó mal y rompió el cristal y por eso es castigado.

La de Álvaro, era producir más, esa era su verdadera intención, y lo corren. Por eso, de nuestros alumnos, de nuestros hijos, sólo vamos haciendo elefantes de circo.

¿Han visto a los elefantes de circo? Cómo son unos animalotes así, grandototes, que están amarrados con una cuerda y anclados a una estaca y que no se escapan y que fueron creciendo desde pequeños en la suciedad, malos olores, llenos de moscas y que salen a trabajar como sale a trabajar el 86 por ciento de la fuerza laboral de mi país, sale a trabajar por necesidad, a un mísero sueldo, por miedo a que no lo corran, por temor a que no lo sancionen. Levanta la trompita, levanta la patita, hace el trabajo que debe de hacer, ni un movimiento de más, ni un movimiento de menos. Y una vez que termina de trabajar lo vuelven a anclar, y así es hoy y así es mañana, la semana entrante, el mes entrante, el año entrante, hasta que se mueren, o a los 40 años lo cambian por otro elefantito más joven.

Créanme maestros, que este elefante cuando era chico, como lo son sus alumnos, quiso ser libre y estuvo luchando día y noche por zafarse de esta cuerda, pero en ese momento la cuerda fue más fuerte que él, le lastimó la manita, se la sangró, le sale costra, le sale callo; pero no sólo callo en la manita, lo triste es que le va saliendo callo en la cabezota de: no puedo, no debo; no puedo, no puedo, no puedo; no debo, no puedo.

Ya de grandote le quitas la cuerda y el elefante grandote no sabe ni para dónde irse porque le metieron tanto en el disco duro: “no puedes, no debes, no puedes”.

Y miren, esto es lo que me preocupa en verdad en la educación, porque no son niños problema, son padres problema.

Me preocupa eso en la educación: de que no sé si con razón o sin razón, actualmente los padres de familia, la sociedad mexicana le ha perdido todo respeto a los maestros en México, nos guste o no nos guste.

Y ahora cualquier señora en delantal va a la guardería, va al kínder, va a la primaria a gritonearle a la maestra, a ponerla en ridículo ante la Asociación de Padres de Familia o acusarla con la directora.

Entonces, nuestras maestras están educando a mis nietos con mucho temor, empiezan a decirle: “no corras, no brinques, no saltes, no te quites el suéter, no te comas esto, no saltes, no te trepes, no, no no, no”, desde chiquito, puro no, no, no debes, no puedes, no debes, no puedes.
No hay: “sí puedes, órale, aviéntate”, no “no puedes, no, no, no, no” y contesta además bien, “niño contesta bien, di mande usted, ordene usted, como usted diga, diga usted, para que seas un gatito bien educadito en el futuro.

Fíjense, por eso no hay empresarios en México, por eso no es gente que se aviente, porque le han metido tanto el no debes, no puedes, no puedes, no debes, no puedes, que cuando sale ya de grandote, pues ya no sabe qué hacer.

Un niño en guarderías, en kínder, en primaria debe de correr, debe de saltar, debe de sentir hambre, debe de rasparse, debe de saltar, debe sentir frío, debe saber vivir; porque Dios hizo al ser humano de tal forma que puede crear sus anticuerpos para la autodefensa. Pero con tanto autoproteccionismo, niños de invernadero, que cuando los sacan al solecito se les quema la piel, que cuando florean las jacarandas les da alergia, que cuando se comen un mango se le forma el hocico de puerco; “ay, maestra, no le dé mango porque mi hijo es alérgico al mango”, no hagas esto y no le quites el suéter porque se va a enfriar. No les damos chance de crear anticuerpos a nuestros hijos; esto es un gran error.

Ahora, también como maestros, ojalá uno pudiera ser maestro, yo como empresario trato de ser, porque podemos cambiar el mundo, podemos cambiar a nuestro México. Miren, el que cumple con sus obligaciones y da más de lo que debe convierte su mundo en un paraíso; el que sólo pide y sólo exige convierte su mundo en un infierno. Y yo quiero que hoy mismo hagan la siguiente prueba.

El día de hoy cuando regresen a su casa, por favor, díganle a su mamá, oye, mamá, ¡qué guapa te veo el día de hoy! Oye, mamá, ¡qué rica sopa me preparaste! Oye, mamá, ¡qué bonito arreglaste la mesa! Y verán que convertirán su mundo en un paraíso.

Maestros, también cuando regresen a su casa díganle a su señora, oye, vieja, ¡qué guapa te veo el día de hoy!, oye, ¡qué bonito arreglaste las cortinas, vieja!, oye, vieja, ¡qué rico guiso me preparaste. La señora si no está acostumbrada a estos halagos va a decir: Ahora, éste que se trae, a lo mejor quiere su noche buena y acaba de pasar.

Créanme que la mamá o la señora que reciba este tipo de halagos para mañana, sin que nadie se lo ordene, sin que nadie se lo pida, sin que nadie se lo exija ella solita se va a arreglar mejor, ella solita va a tener su casa más hermosa, ella solita va a experimentar en cocinar otra sopa, otro guiso más sabroso.

Y es así, maestros, como nace la calidad, cuando tú como maestro aprendes de tus alumnos, en tu gente la chispa que sean hombres de calidad total, para que tú seas el que le prendas la chispa, para que ellos se sientan necesarios, útiles, queridos y respetados.

También como maestros podemos hacer gente triunfadora o gente fracasada, bueno, aquí hay un montón de maestras bien guapas, ¿Cómo se llama usted? Patricia, una mujer muy guapa. Vamos acompañar a Patricia, cuando ella tenía 11 años y le invitan al primer baile de su vida, una niñita de 11 años, Patricia bien contenta, bien feliz, bien emocionada, no sabe cómo vestirse, si ya se pinta, si se pone tacones altos, si se pone medias, si se pone brassier, no se pone brassier; tiene 11 años. Llega el día de la gran fiesta y Patricia se arregla lo mejor que puede en su recámara, sale de su recámara y pasa por la sala donde desgraciadamente se encuentra una tía que tan pronto la ve le dice: Ay, Patricia, que mal te ves, oye, mi amor ya te fijaste que tienes las medias chuecas, ese peinado no te queda y te pintaste horrible además, parece que te echaste la tlapalería encima, mi amor. Puros defectos.

Pues la pobre de Paty desde el primer defecto que le marca su tía empieza a perder confianza, empieza a perder seguridad la niña de 11 años. Y cuando llega a la fiesta y se le aparece, nada más ni nada menos que William Levy o Leonardo Di Caprio, le dice: ¿Bailamos, Patricia?. Dice: No, muchas gracias, yo no sé bailar. Y esa noche Paty fracasa.

Pero si la misma Patricia se arregla, pasa por la sala y su tía le dice: Qué guapa estás, qué bonita, eres la más linda de la familia, qué de la familia, del Sindicato de Trabajadores completo, mi amor. De grande Paty vas a ser mucho más linda que Paty Manterola.

Esa noche Patricia triunfa, y quién hizo a Patricia una triunfadora, una fracasada, pues la maldita tía, hombre.

Y no saben ustedes la cantidad de padres de familia, de maestros, de jefes, de ejecutivos y de empresarios que tal vez sin saber lo único que hacen todos los días es a gente fracasada, a gente insegura. Pero bendito sea Dios, hay cantidad de padres de familia, de maestros, de jefes, de ejecutivos y de empresarios que todos los días de su gente está haciendo a gente triunfadora, y lo que necesita nuestro México es que formemos a gente triunfadora, que se sienta amada, respetada y querida. Si desde las casas empezamos a decirle a nuestros hijos eres un tonto, eres un bruto, siempre repruebas, eres un tonto, entonces dice el niño pues si ya soy tonto para qué estudio.

A eso se le llama Efecto Pigmalión, que le dices tanto que sí lo vas haciendo: Es un mentiroso, tramposo, mentiroso, tramposo. Se hace mentiroso y tramposo el niño. Efecto Pigmalión.

Hay mamás que dicen: Eres un desgraciado maldito, eres un desgraciado maldito, ya te pareces a tu papá. Y el pobre niño se llega a parecer al papá.

Y esto, saben ustedes maestros, por qué sucede, maestras, porque en la cultura oriental se nos enseña que cada uno de nosotros los seres humanos somos un sol, que estamos irradiando todos los días energía, y esa energía puede ser positiva o energía negativa.

Si tú das sonrisas la vida te regresa sonrisas, si das amarguras la vida te regresa puras amarguras, si das caras jetonas. Vean a la cara a la gente que tienen caras jetonas, pues todo mundo lo saluda de forma jetona, y al frente siempre.

El que da felicidad recibe felicidad y siempre al triple. El que es simpático, recibe simpatías. Siempre, siempre es al triple. Y por eso den todos los días lo mejor de sí a toda la gente, porque créanme que en verdad somos un ente de una gran energía de tal forma que cambia, que transforma a todo mundo.

¿Han visto ustedes a la gente miserable, esa gente que no está dispuesta a dar nada de nada? Nada, nada, bien miserable. Sólo quiere pedir para él, y nunca está dispuesto a dar. Véanlo para los que sean católicos, observen los domingos en misa cuando viene el acólito a pedir limosna con su charolita, el miserable mpieza luego luego a buscar la monedita más chiquita, la más chiquita, carajo. Pasa el acólito y hasta la avientan para que suene “clink”. Pero a Cristo no lo podemos hacer tonto. Cristo de la cruz te está observando,y te dice: Te la triplicaré. Y te triplican tus miserias y al triple siempre, maestros.

Por eso siempre den lo mejor maestros a sus alumnos, a sus compañeros, a su escuela den lo mejor.

Ahora que estamos en plena efervescencia política de las elecciones, yo nada más quiero dejar un mensaje a los maestros de México de tres problemas que tiene mi México, y que si no los sabemos resolver de raíz nuestro México no va a poder salir adelante, así tenga gobiernos priistas, panistas, perredistas, verde ecologista, panelistas, de Convergencia, aunque venga el doctor Simi, no nos sacan adelante.

El mayor problema que tiene mi México, maestros, maestras, es que no somos autosuficientes en nuestros propios alimentos. Somos grandes importadores de granos.

El que les habla ha sido Presidente en la Federación Panamericana de Lechería y con tristeza le tengo que decir que somos un país de los que más leche en polvo importa en el mundo, pero también somos un país que se atreve a vender este tipo de aguas, más caras que la leche.

Esto vale más caro que la leche, señores. Sólo a México se le ocurre vender el agua más cara que la leche.

Al pobre campesino que tiene ocho, diez vacas, que se tiene que levantar en estas madrugadas de mucho frío y a ordeñar, pues ya no le conviene echarle agua a la leche, porque le sale más cara el agua.

Somos un país que compra a 8.50, 11 pesos el kilo de tortilla, sin entender que se necesitan de ocho a 12 mazorcas para hacer un kilo de tortilla.

¿Cuánto le estamos pagando al pobre campesino? Le estamos pagando una verdadera miseria.

Y señores maestros, lo único que estamos haciendo es obligándolos a que tengan que abandonar sus tierras, abandonar a sus familias, a sus hijos, a sus costumbres y tradiciones e irse a buscar trabajo al otro lado.

Yo soy hijo de inmigrantes y sé lo difícil que es llegar a un país extraño, sin idioma, sin dinero y sin amigos y tener que trabajar 14, 16 horas diarias, sábados y domingos para mandar dinero a los municipios más pobres que dejaste en la República Mexicana es de gente valiente.

Y gracias a esas remesas, maestros, tenemos una estabilidad socioeconómica más o menos pasable, que si no llegasen esas remesas otro gallo estaría cantando en nuestro México.

Pero el problema no es que tengamos que traer los granos que nos hagan falta, que ya actualmente ocupan el 50 por ciento de lo que nos estamos comiendo.

Lo triste es que se pongan a pensar como maestros a quién obedece una mascota, a quién obedece un perrito, ¿A quién? Al que le da de comer.

Y eso, maestros, es perder libertad. Eso es perder independencia.

Una independencia hecha en México en muchas batallas, por muchas vidas y muchos héroes y que por estarle pagando una miseria al campesinado mexicano estemos perdiendo esa libertad, créanme que no se vale, no se vale.

Y vean cómo le hacen los países primermundistas: al campesino lo protegen, porque saben que con eso pueden ir a cualquier lugar de negociaciones, de hablar del tú por tú y no nada más a recibir imposiciones por hambre.

Por favor, maestros, den respeto hacia los campesinos, a los productores primarios, para que sepan autodefenderse, para que sepan vender sus productos a buenos precios y de buena calidad.

Segundo problema que tiene mi México: yo sé que de aquí va a haber muchos que van a querer sus hijos sean maestros de primaria, pero créanme que yo he ido a muchas universidades, tanto públicas como privadas y he hecho la siguiente pregunta: ¿Quién de ustedes quisiera que su hijo fuera maestro de primaria o de secundaria? Y ¿Saben qué? No hay nadie que levante la mano.

Desgraciadamente no hay nadie que levante la mano.

Entonces, yo pregunto: ¿Quién va a educar el futuro de mi México, quién va a educar a esta Nación? ¿Quién va a educar a sus hijos, a sus nietos?

Si los mejores individuos, los más preparados, nadie, nadie quiere que su hijo sea maestro de primaria o secundaria.

Y Confucio dijo: La nación que no sepa respetar a sus ancestros, a sus padres y a sus maestros será una nación o un individuo que se irá a la decadencia. ¿Nosotros estaremos yendo a la decadencia por ello? Porque hemos perdido respeto a los ancestros, a nuestros padres y, sobre todo, a nuestros maestros.

Nadie quiere ser maestro porque saben que como maestro no se puede ser rico, no se puede ser millonario; la culpa la tenemos todos nosotros, sociedad mexicana, de que le hemos dado tanta importancia al que tiene y nos hemos olvidado totalmente del que es; admiramos al que tiene, sale en las mejores revistas, con las mejores entrevistas, con los mejores automóviles, en los mejores centros vacacionales, en los mejores restaurantes. Y el que es científico, el que es investigador, el que es maestro no saben ni cómo se llama el pobre.

Cuando los premian salen en los noticieros un día y al tercer día ya nadie se acuerda de ellos, porque desgraciadamente la sociedad mexicana, y tenemos que reconocerlo, le hemos dado importancia al que tiene y no hemos fomentado una educación de enaltecer al que es. Y es ahí donde ustedes, maestros, tienen que enaltecer a los que son, a los héroes anónimos que este México tiene en gran cantidad, los que dan tiempo, esfuerzo y cariño por México sin pedir de él nada.

En la sociedad mexicana sale el papá, fíjense en la educación, sale el papá a educar con el niño de ocho años, cuarto año de primaria empieza el papá luego luego: Ya te fijaste, hijito, en qué carrazo anda ese güey, ya te fijaste, hijito, con qué chamacona anda ese güey, ya te fijaste, hijito, en qué caserón se acaba de meter ese güey; hijito, ¿qué quieres ser de grande? Pues güey, papá.

Y vean cómo hablan los chicos actualmente, ¿qué hiciste el fin de semana, güey? ¿A dónde te la pasaste, güey? ¿A poco no hablan así, güey? ¿Verdad que sí, güey? Pues así hablan, todo mundo quiere ser güey.

De veras, no saben qué es lo que es el ser, nadie sabe lo que es el ser. Y eso es lo que más nos hace falta en nuestra educación de fomentar esos valores del ser humano.

Ser maestro es una profesión similar a la que tuvieron Sócrates, Aristóteles; maestro le llamaron a Vasconcelos, maestro le llamaron a Gandhi, maestro le llamaron a Buda, maestro le llamaron a Cristo. Y uno sólo de estos maestros, con su enseñanza y su congruencia en su enseñanza, han sido los que han cambiado media humanidad, de esa altísima profesión es el ser maestro.

Y mi padre me enseñó, si quieres riqueza para un año siembra maíz; si quieres riqueza para 10 años siembra árboles frutales; pero si quieres riqueza para ti y para toda la gente que trabaje contigo siembra, siembra en ti, en ellos educación, educación tecnológica, educación vial, educación civil, educación moral, educación nutricional, educación deportiva. Educación es lo que nos hace falta, maestros, educación; no sólo la de conocimientos, de saber más para fregar al que no sabe.

Todos hemos tenido experiencias, en grandes profesionistas que aprovechándose del saber nos asustan: Que nos van a meter al bote, que se va a morir tu mamá. Bueno, por el tener rápido y fácil, y se nos olvidan los valores; qué los conocimientos fue para el tener nada más rápido y fácil, ¿o es para servir a la sociedad?

Ustedes están en esa gran labor, en esa gran responsabilidad de cambiar nuestro México. Si nuestros gobiernos, maestros, actualmente pueden pagar buenos sueldos a los maestros de México. Creo que es obligación de toda la sociedad mexicana brindarle a nuestros maestros mucho sueldo moral, de agradecimiento, de reconocimiento y de profundad gratitud. Y aprovecho la mañana de hoy para brindar un fuerte aplauso de agradecimiento, de reconocimiento y de profunda gratitud a todos nuestros maestros que tuvimos en la primaria y secundaria, y decirles una vez en la vida: Gracias, maestros, gracias, maestros, por todo lo que hiciste por mí. Gracias. A nombre de ellos, en verdad, muchas gracias.

Les voy a contar un anécdota que me pasó con el Presidente Salinas de Gortari, para que sepan en dónde invierte un país primermundista. Era padre de familia en nuestro Liceo Mexicano-Japonés, llegó a ser candidato, llegó a ser Presidente de la República Mexicana, y como a los seis meses de ser Presidente de la República Mexicana lo vino a visitar un Primer Ministro del Japón. La cita que teníamos con el señor Presidente a las 4 de la tarde en Los Pinos. Pero esa tarde había una gran manifestación de maestros que querían llegar hasta “Los Pinos” a como diera lugar a exigirle al señor Presidente aumento de sueldo.

La comitiva japonesa, a pesar de tener cuerpo de seguridad, patrulleros y motociclistas llegamos 15 minutos tarde a la cita con el señor Presidente. El Ministro Japonés llegando echando lumbre, porque para ellos la puntualidad es ley de oro, en donde no caben pretextos ni mucho menos excusas, porque saben que de excusas siempre están llenos los excusados.

Llegó molestísimo. Lo vio tan molesto el señor Presidente que le dijo: No se preocupe, señor Ministro, sabemos que hay una gran manifestación allá afuera de maestros que nos están pidiendo aumentos de sueldo. El Ministro japonés se volteó con el señor Presidente y le dijo: Mire, señor Presidente, en mi gobierno, en mi burocracia el mejor pagado es el maestro de primaria y secundaria, porque si a ellos sólo les paga salarios mínimos, sólo hombres de salarios mínimos les van a poder entregar.

Órale, tradúcele eso al señor Presidente. Pues a tragar camote en Puebla y ahí le va. No le quedó más que decir: Tiene usted toda la razón.

Pero fíjense, maestros, en la burocracia japonesa como en la mexicana hay licenciados, hay ingenieros, hay arquitectos, hay médicos, hay de todas las profesiones. ¿Por qué creen ustedes que en Japón el mejor pagado es el maestro de primaria y secundaria? ¿Saben ustedes por qué? Porque ellos son los que ahorita, hoy ya están moldeando, puliendo, cincelando a los futuros políticos del Japón, a los futuros empresarios, a los futuros deportistas, a los futuros científicos. Ya los están formando hoy. Por eso se merecen eso.

¿Qué estamos haciendo nosotros con todo el, perdón, señores, en nuestra querida Oaxaca? Cerrando carreteras, quemando autobuses, para que los niños chiquitos oaxaqueños crean que así es como se siguen las cosas en nuestro México, y lo sigamos consiguiendo así en el año 2050.

Yo creo que estamos mal, y eso tenemos que cuidarlo, porque ustedes son como una luz, como un faro en que los alumnos viendo su aptitud, viendo su manera de ser, viendo su limpieza y su justicia es el ejemplo de vida que van a seguir.

¿Ahora, qué podemos hacer nosotros? Miren, cada acto importante de tu vida por favor planta un árbol. Cuando nazca un hijo plántale un árbol. Cuando entren a la primaria que planten arboles. Cuando se gradúen que planten un árbol. Cuando se casen planten un árbol. Cuando consigan un trabajo planten un árbol. Cuando inauguren una escuela no dejen de plantar un árbol. Cuando construyan su casa planten un árbol. En cada acto importante de tu vida, por favor, planten un árbol.

-¿Cómo se llama usted?

-Carmen, ¿cuándo cortaría usted el árbol que su papá y su mamá plantaron enfrente de su casa cuando usted nació? Nunca, ¿verdad? Lo amaría, lo cuidaría, claro que sí.

Pero si ese árbol, doña Carmen, hubiese sido plantado, ¿usted de dónde es, del DF? Si hubiese sido plantado por un Jefe de Gobierno de hace, como le calculo unos 36 años, sí, ¿verdad? No se acuerda ni cómo se llamaba el condenado Jefe de Gobierno y son dos árboles iguales, fíjense, uno lo plantó mi papá, mi mamá, lo amo, lo quiero y mientras más años pasa, más lo amo y más lo quiero; el otro lo plantó papá gobierno y me importa un reverendo comino lo que pase con él.

Y por eso las cosas que hace papá gobierno nadie las cuida, nadie las ama, nadie las protege.

Y vean ustedes cómo están nuestras escuelas primarias oficiales, porque todos esperamos que venga el gobierno a arreglarla y nosotros no hacemos nada. No hacemos nada.

Y yo quisiera que se hiciese, como se hace en el Liceo Mexicano Japonés y se hace en todas las escuelas del Japón, primarias, secundarias, que una vez al año se reúnen un fin de semana maestros, alumnos y padres de familia y entre todos pintan la escuela, entre todos pulen los pisos, entre todos barnizan las bancas, entre todos hacen los trabajos de jardinería y entre todos los trabajos de plomería y las escuelas parece que se inauguraron ayer.

Pero vean ustedes, a nosotros nos han metido tanto la cultura de que todo lo tiene que hacer el gobierno y nosotros no hacemos nada, ni por el lugar donde trabajamos.

Hay muchos maestros que les dicen: “bueno, hay que venir el domingo, vamos a pintar toda la escuela entre todos” y “¿Cuánto me van a pagar?”, luego, luego la lana por delante. Se llama prostitución, perdónenme.

Hay que hacer algo voluntariamente en sacrificio por el lugar donde trabajas, por donde educas a los futuros mexicanos que van ser a este país grande.

Yo he ido a universidades, me paro en el foro y veo y los focos fundidos, pero en el edificio de al lado están Ingeniería Electrónica.

Acabo de estar en Matehuala, ustedes saben que hay una gran sequía en mi estado de San Luis Potosí, les digo a unos jovencitos: “oigan, agarren esas cubetas y vayan a regar esos arbolitos que se están secando”, “¡Ah! No, eso es trabajo del jardinero”, “Y, ¿ustedes qué están estudiando?”, “nosotros estamos estudiando Bioagronomía”. Puro pinche papel, nada de efectividad; nada de efectividad y el Rector pidiendo y rogando presupuesto para su universidad.

Lo consigue y ¿saben quién hace el trabajo de electricidad? El maestro del pueblo, que apenas si terminó la secundaria y, ¿Quién hace los trabajos de jardinería? El que no sabe ni leer ni escribir y que es el jardinero del pueblo es el que hace las cosas.

Y los alumnos, los próximos a egresar no hacen nada. En la cultura de pedir, que nos den, que nos den, que nos aumenten.

Señores:

México ya no puede dar. Es momento en que nos obliga a tener que dar. Y, perdón, señor Secretario, voy a hablar de la actitud de los sindicatos mexicanos. Miren, en el año 68 México realizó una de las Olimpiadas más hermosas que hubiese visto la humanidad, fue un fiestón deportivo, juvenil y cultural; la primera olimpiada cultural que realizaba el mundo. Cuatro años antes la había realizado Tokio, y que un país latinoamericano hubiese superado la olimpiada de Tokio, porque se les ganó de todas a todas, menos en puntualidad; hizo que muchos empresarios viniesen a conocer a México.

Un grupo de empresarios fue entrevistado por el Canal Once del Politécnico. Y una de las preguntas que les lanzaron es: ¿Cuál es la diferencia entre el trabajador mexicano y el trabajador japonés? Cuchichearon y el jefe de la misión levantó la mano y dijo: Venimos sorprendidos de la gran habilidad manual que tiene el trabajador mexicano.

Si se vienen todas las maquiladoras, todas las fábricas de automóviles a México, ¿por qué creen que se vienen, maestros? Muchos dicen que por sueldos baratos. Yo les puedo demostrar que en 100 países que pagan sueldos más baratos que en México, se vienen a México porque contamos con una mano de obra de excelente calidad, y como ejemplo les puedo poner el siguiente ejemplo, si ustedes se toman una sopa de fideo en Mexicali, en Hermosillo, en Chihuahua, en Durango, en Zacatecas, en San Luis Potosí, en Aguascalientes, en Guanajuato, en Querétaro, en Toluca, en Tlaxcala, en Puebla, en Jalapa, en Villahermosa, en Campeche, en Mérida o en Chetumal todas las sopas de fideo saben diferente. Pero ustedes pidan un chicken sopa en gringolandia y verán que todas las sopas saben igual, porque son de lata, acá están hechas a mano, una por una y casa por casa; de esa calidad de mano obra tiene el mexicano. Además nos dijeron, el promedio de edades de gente muy joven, y además el mexicano tiene mucho ingenio.

Pero ayer domingo que anduvimos de turistas y que conocimos el Zócalo, la Catedral, la Plaza de las Tres Culturas, las Pirámides de Teotihuacán y terminamos en la Villa de Guadalupe. En la Villa de Guadalupe nos dimos cuenta que ante la religión somos iguales, nos gustan las peregrinaciones igual que a ustedes; llevamos tamboras, llevamos danzantes, aventamos cohetes. Igual en el Japón, y que enfrente del templo hay muchos templos con fritangas, amuletos, rosarios y estampitas. Igual en el Japón.

La única diferencia que hemos notado es que van ustedes siempre a los templos a pedir y a esperar. Y nosotros en el shintoismo siempre vamos a ofrecer. Ahí nos dimos cuenta, porque esos sindicatos: CTM, CTC, todos con “c” de camaradas. Presentan pliego de peticiones,
¿Y por qué los sindicatos japoneses presentan pliego de ofrecimientos? Pliego de peticiones, pedimos menos horas de trabajo, pedimos más permisos para faltar, pedimos más permisos para llegar tarde, pedimos más aguinaldo, más despensa, pedimos más aguinaldo, bueno, pedimos y pedimos, ¿a cambio de qué? A cambio de nada.

Y pliego de ofrecimientos estuvimos en promedio 15 retardos, ofrecemos reducirlos a cinco, ¿qué ofrece la empresa? Tuvimos tres por ciento de errores en la fabricación; ofrecemos trabajar con más cuidado para que esto reducirlo al uno por ciento, ¿qué ofrece la empresa? Tuve cinco reprobados en mi clase; ofrezco dar mejor mi cátedra para que el año entrante máximo sean sólo dos los que puedas reprobar, ¿qué ofrece la institución? A base de ofrecimientos es como ellos llegan a calidad total, entrega justo a tiempo, error cero.

Por eso les vuelvo a repetir, maestros, que en este mundo el ganón, el fuerte, el poderoso va ser siempre el que ofrece, no el que pide; el que pide es cuestión de tiempo, se va a perder todo. Confucio dijo: Si a la tierra nada más le sacas, le quitas, la extraes; la vas a volver un desierto. A la tierra siempre hay que regresarle lo que la tierra te dio.

Ustedes, maestras, saben que el ganón fue el que le dio, no el que pidió, ¿a poco no? Se acuerdan de sus primeros novios en la adolescencia esos que querían meter mano por todos lados como si fueran líderes sindicales; no es cierto. O se acuerdan del otro que les ofreció un caramelito, un dulcecito, que les hizo una poesía con las letras de su nombre, creyéndose el Amado Nervo. O se acuerdan de ese cumpleaños que les ofreció un gran ramo de rosas o una serenata. O se acuerdan de ese 14 de febrero, ese día de los novios, de los enamorados, ese Día de Valentín, que llegó como a las 9:30 de la noche bien cursi al frente de su casa con su globito de “I love”, o les ofreció tanto que terminaron ustedes ofreciéndoles todo. Pero eso ya no es mi bronca. Por eso el ganón siempre es el que ofrece. Acuérdense el que ofrece es el que gana.

¿También por qué en las empresas japonesas llegan a ser grandes? Porque nunca les traen dinero a la empresa, siempre es inversión tras inversión. Siempre es inversión tras inversión. ¿Y de qué viven los dueños? ¿De qué vivimos los dueños de Yakult? Vivimos de una regla moral, de 1 a 7. Si yo no le puedo pagar más que mil pesos al de menor jerarquía la empresa nada más que puede pagar a mí 7 mil. Y sé que no me alcanza, tengo pensar primero en cómo auméntales a los de menor jerarquía 5 mil, para que a mí me puedan aumentar 35 mil, para que la empresa me pueda pagar 35 mil.

Todavía no estoy de acuerdo. ¿Cómo le puedo pagar al de menor jerarquía 10 mil, para que a mí me pueda pagar la empresa 70 mil, más los 70 mil de repartos de utilidades, ya con 140 mil puedo ir al 5º Congreso de la Educación sin cobrar nada y a todo dar, sin presiones económicas? Por eso las empresas japonesas llegan a ser tan grandes.

Y también tengo la costumbre y ojalá lo hagan sus maestros también, que todos los jueves agarre a cualquiera de mis trabajadores, empleados que estén en la fábrica o en la oficina, en donde me encuentre le diga: Hoy me voy a cenar a tu casa. Patricia, hoy me voy a cenar a tu casa, me auto invito. Claro que se ponen bien nerviosos porque en su casa nadie sabe que el Presidente de Yakult va a ir a gorronear la cena. Le digo: No te preocupes, Leonardo, no te preocupes, en la primera panadería o en el primer Oxxo que encontremos compramos unas conchitas, unas donitas y al llegar a tu casa que tu mamá, tu señora, tu tía, tu sobrina, tu vecina, tu comadre o tu hija o lo que tengas en tu casa con esta nueva Ley de Convivencia nos haga un cafecito y me estoy hasta las 11, 12 de la noche platicando con toda la familia de mis trabajadores.

Y ahí he entendido cuál es la carencia y la angustia que tiene el trabajador mexicano. La mayor angustia que tiene el trabajador mexicano, señores, es que no tiene seguridad de trabajo. No sabe cuándo lo van a correr.

Y vean ustedes cómo actúa un animalito que tiene miedo, pela los dientes, siempre está en posición de huir, de atacar, desconfía de todo, cualquier movimiento se pone nervioso, porque no tiene seguridad. Den seguridad a su gente y el trabajador mexicano es de lo más noble, de lo más leal.

Y la carencia que tenía el trabajador mexicano es que nunca tiene sueldo moral. Fíjense, muchas veces los directores, los gerentes, los ejecutivos, los inspectores creen que el trabajador está contento por su sueldo. Y díganme quién está contento con su sueldo, que levante la mano aquí.

Ah, pues aquí están los jefes, con razón.

Cuando trabajo en el Magisterio. Hay, qué bueno que llegó el 15 de mayo, me aumentaron el sueldo, qué bueno que trabajo en la Toyota, qué bueno que trabajo en la Nissan, qué bueno que trabajo en Yakult, y al segundo mes me acostumbro a ese sueldo y al tercer mes me hace falta más que antes, y al cuarto mes empiezo a renegar: Ah, yo tengo muchos más años que aquel buey y a mí me pagan muy poquito. Yo me friego en el segundo turno y a mí me pagan una bicoca. No, pues a ésa le pagan más, pues la querida del inspector, pues cómo no. Y a renegar los otros nueve meses del año.

Los sueldos económicos nunca motivan a la gente, maestros. Lo que motiva a la gente es que les des sueldo moral, de reconocimiento, de gratitud y que los hagas sentir a tu gente útil, necesaria, querida y respetada. Cuando se siente así el trabajador mexicano o cualquier ser humano da lo mejor de sí.

Por eso, ustedes que son las cabezas en muchos lados, por favor, a sus alumnos, a sus hijos, a su esposa, a sus parejas, denles mucho sueldo moral de reconocimiento, de agradecimiento, de que se sientan útiles y necesarios, y verán que cambiamos nuestro México; cambiamos nuestro México. Y denle seguridad de trabajo, por favor, a los trabajadores.

También quiero decirles que tenemos que enseñar a nuestra niñez, a nuestros maestros jóvenes, a nuestra sociedad el ser, el acostumbrase a ser ricos, a tener mentalidad de triunfadores, mentalidad de grandeza.

¿Por qué creen que cuando se habla del japonés todo mundo sabe que el japonés tiene dinero, que es gente rica?

Saben ustedes, siendo un país pobre hay gente millonaria, y México es un país extremadamente millonario, donde vivimos muchos pobres.

Por cada niño desnutrido, yo les puedo presentar 10 obesos. Fíjense, es falta es de educación nada más, falta de educación.

Pero ante el mundo no demos esa imagen de tristeza, de fracaso, de tercermundistas, de asesinatos, de sicarios.

Yo me pregunto: sicarios entre 15 y 30 años, qué padres de familia educaron a esos hijos, qué maestros educaron a esos hijos, qué sociedad, o fue el gobierno nada más, o fuimos nosotros, yo me incluyo, fuimos los responsables de formar a esa gente.

Tenemos la gran responsabilidad de revertir y hacer a los jóvenes que se sientan respetados, queridos y que tienen gran futuro en esta nación, creando fuentes de trabajo, creando empresarios para que se genere riqueza y no estar en la costumbre de sólo estar pidiendo y pidiendo y pidiendo que el gobierno lo componga, que el gobierno lo haga, echándole la culpa a los demás porque yo soy perfecto; no, la culpa empieza por ti.

Para ser grande tú debes de hacer el cambio, no esperes que cambie tu director, no esperes que cambie tus autoridades, cambia tú y harás un gran cambio en tu gente, en tu mundo.

Por eso tenemos que crear la cultura del ahorro, de no desperdicio, de saber aprovechar las cosas al máximo.

¿Por qué los japoneses llegan a ser ricos? ¿Por qué tienen dinero? ¿Saben ustedes por qué? Porque se nos enseña desde pequeños que en la vida como en la naturaleza hay una primavera, un verano, un otoño, un invierno y todos vamos a llegar al invierno de nuestra vida. ¿Han pensado ustedes cómo quieren llegar al invierno de su vida?
Ojalá lleguen siendo unos señorones como ese viejito de Karate Kid I, Karate Kid II, que trascienden la juventud, que sepa agradecer cada amanecer, que sepa aprovechar todo y no lleguen siendo, como llegan muchos de nuestros ancianos, con una mano adelante y una mano atrás, sin nada, endeudados, enfermizos, mal queridos y deprimidos; pero es que nadie les enseñó que iba a llegar el invierno de la vida.

Para los japoneses las estaciones de la vida son la primavera, desde que uno nace hasta los 20 años, donde hay que crecer física, moral e intelectualmente a toda tu plenitud. Si tú partes un plátano en forma perpendicular y lo observas, vas a ver que está dividido en tres gajos, todos iguales, todos parejos, no hay uno que sea más chipotudo que otro.

Pero los jóvenes de la actualidad con tanta televisión, con tantas revistas semipornográficas, con tanto Latin Lover y Fernando Colunga y Willian Levy creen que lo más importante es lo físico, y se van tres, cuatro horas diarias a que le salgan bolas en los brazos, en el pecho, en las nachas, en las pantorrillas, se abren la camisa y andan presumiendo el sólo para mujeres. Claro que esto impresiona a cualquier chica, la chica le invita a tomar una tacita de café, pero las chicas de la actualidad no son nada tontas, no se acaban de tomar media tacita de café, inmediatamente se dan cuenta que el brutote que tienen enfrente tiene todo el coco vacío y le faltan bolas donde las debería de tener bien puestas, se dan la gran decepción.

Después viene de los 20 a los 40 el verano, donde los árboles son frondosos, dan flores, dan fruta. Así también el ser humano es cuando se casa, cuando tiene hijos, cuando puede trabajar 72 horas sin dormir, cuando está en todo su apogeo.

Pero después viene el otoño de los 40 a los 60, en el otoño vean ustedes cómo los árboles empiezan a cambiar de color sus hojas y cómo poquito a poquito se van cayendo sus hojas; así también en el ser humano se nos cambie el color del pelo, se nos cae el pelo, se nos cae la vista, se nos caen los dientes, se nos caen muchas cosas más en el otoño de la vida.

Después de los 60 en adelante empezamos el invierno de la vida, ojalá lleguemos siendo unos señores que podamos viajar por todo el mundo, por donde se nos antoje, podamos entrar a cualquier clínica, excepto chequeos médicos o entrar a cualquier juguetería, comprar los juguetes de tus nietos y no llegues siendo un esclavo de la vida, de esos que se tienen que formar un día al mes a ser una colotas para recibir una mísera pensión, o ir a los centros de salud para que de malas formas te nieguen tus medicinas o que te arrumben en cuarto bien húmedo, bien frío de lo que fue tu casa.

Y para no llegar así al invierno de la vida, maestras, maestros, el secreto está en lo siguiente. Que quisiera que enseñen a sus alumnos, a sus maestros jóvenes, que desde el primer ingreso que tengan en su vida, por favor, se paguen así mismo un 10 por ciento; el otro 90 por ciento no es suyo, el otro 90 por ciento se lo tienen que dar al que les presta la casa, les presta la luz, les fabricó la ropa, les cosechó los alimentos; a ellos se los tienen que dar.

Pero si ustedes trabajaron desde muy temprano hasta muy noche, es justo y necesario que se paguen así mismo ese 10 por ciento, y páguense los 20 años del verano y los 20 años del otoño durante 40 años; han visto árboles que tienen 40 años cómo tienen un troncotote así y que dan mucha sombra, mucho follaje, y en los tiempos de mayo que por acá hace un calorón van a ver cuántos bueyes vienen a tomar sombra debajo de este árbol llamadas nueras y yernos. Y este arbolote que tiene un troncotote así no nació de una semillotota así, nace de una pequeña semillita así chiquita, como mi primer pequeño suelo.

Pero yo los tuve regando quincena con quincena, abonando en las vacaciones, en las prestaciones y este árbol crece, crece y crece y ahora me da toda la tranquilidad del mundo; y sé además que este árbol aun de muerto va a tener mucha leña para seguir calentando muchos hogares.

Ya estoy viendo aquí unas caritas otoñales que dicen: Por qué no trajeron a este “tacataca” hace 20 años, lo que tendríamos ahorita. Les aseguro a los que tengan más de 40 años si hubiesen seguido esa disciplina, ahorita en interés compuesto estarían ganando más de lo que están ganando de sueldo actualmente. Esa es la disciplina, para ello hay que tener mucho coraje, mucho empeño, mucha disciplina, y saben ustedes que esto se obtiene teniendo un espíritu combativo, espíritu positivo. El día de hoy saben ustedes para qué fue a trabajar el 86 por ciento de la fuerza laboral de mi México, llamados empleados, empleados, burócratas, obreros y uno que otro maestro.

¿Con qué objetivo fueron a trabajar el día de hoy? El único objetivo a que va el 86 por ciento de la gente laboral de mi país desgraciadamente es que dé la hora de la salida, para eso van, porque no saben ni para qué van a trabajar.

Voltean y: Chin, hijo, falta un montón. Media hora antes empiezan a escurrirse al baño. Llegan al objetivo que es la hora de la salida y salen como chiflido. Así haya niños en los salones, así haya mercancía tirada, así haya público en los mostradores, les importa un comino. El objetivo de hoy era la hora de la salida.

Y miren, para que un país, nuestro México, sea extraordinario y dejemos de ser gente ordinaria la diferencia entre ser ordinario y ser extraordinario sólo está en el extra. De ordinarios están llenos los panteones, de gente extraordinaria, como son ustedes, hay muy pocos, hay muy pocos. Y son la gente que ha dado un poco más, un extra a la vida, al trabajo, a la familia, a los compañeros, a la educación. El extra que le den los va a ser extraordinarios, gente que se le recuerde y que pueda trascender en este mundo.

De gente ordinaria están llenos los panteones. Entonces la diferencia entre ser gente ordinaria y extraordinaria está sólo en el extra, maestros.

Y recuerden que ustedes, maestros, por favor, son los que van moldeando, los que van haciendo a los futuros políticos de México. Los que van haciendo los empresarios, los científicos, los deportistas y los investigadores de nuestro país.

Para una buena educación, como para una buena toma, como el ser humano debe de crecer en lo físico, en lo moral y en lo intelectual, así también para una buena educación se necesita el alumno, el maestro y el apoyo familiar. Si alguno de ellos falla ya no se puede dar una buena educación. Es un tripié, como para tomar una buena toma de las cámaras que están allá, están sobre un tripié, y como seres humanos debemos de crecer en lo físico, en lo moral y en lo intelectual, siempre en un tripié, bien sólido para que nuestro México salga adelante. Maestros, en verdad, estén orgullosos de ser maestros, es una de las profesiones de mayor importancia en cualquier nación. Son los que hacen el país, los que forman este México, los que construyen nuestro futuro. Ustedes, no son los políticos, no son las políticas, no somos los empresarios. No. Ustedes, maestros, son los que hacen a los futuros mexicanos.

Maestros, esa labor no hay poder que se los pueda pagar de agradecimiento y reconocimiento y profunda gratitud.

Yo en lo personal quisiera haber sido maestro, para poder cooperar con mi México en hacer hombres, niños nobles, orgullosos de su país, con miras a un futuro.

Estén orgullosos de poder tener a este México, el México del desierto, el México del altiplano, el México de las cosas, el México de la selva, el México de las penínsulas.

Estén orgullosos de nuestro México, de sus multipaisajes, de sus multiclimas, estén orgullosos de sus canciones, de sus corridos, de sus fiestas, estén orgullosos como mexicanos de nuestras comidas llenas de sabores, llenas de olores, llena de tradiciones.

Estén orgullosos de nuestra historia, de ser mexicanos, que aunque les quemaran los pies nunca, nunca se atrevían a traicionar a su pueblo. De esa estirpe es el mexicano.

Es por ello que yo les pido que siempre anden por este mundo con la frente en alto y el pecho erguido, de haber nacido en esta bendita tierra mexicana.

Y por último quiero terminar con un cuento que me contó mi padre y con el cual cierro todas mis conferencias:

Había un bosque muy hermoso, donde vivían muchos animalitos. De repente este bosque se empieza a incendiar y todos los animalitos empiezan a huir. Sólo hay un gorrioncito que va al río, moja sus alitas, vuela sobre el bosque incendiado, revolotea y deja caer una o dos gotitas de agua, tratando de apagar este incendio. Va al río, moja sus alitas, vuela sobre las llamas, revolotea y deja caer una o dos gotitas de agua.

Pasa el elefante y le dice: “gorrioncito, no seas tonto, huye, huye como todos nosotros, nos ves que vas a achicharrar” y el gorrioncito se voltea y le dice: “no, este bosque me ha dado todo, este bosque me ha dado hogar, este bosque me ha dado familia, este bosque me ha dado alimento, este bosque me ha dado amigos, pero sobre todo este bosque me ha dado felicidad y no va a importar que yo me muera, pero por simple lealtad voy a tratar de salvar a mi bosque”.

Y así va al río, moja sus alitas, vuela sobre el bosque incendiado, revolotea y deja caer una o dos gotitas de agua.

Pasa el elefante y le dice: “gorrioncito, no seas tonto, huye, huye, como todos nosotros”.

Ante esta actitud de lucha constante de querer apagar el incendio Dios se compadece y deja caer un fuerte tormentón y felizmente el incendio se apaga y al poco rato este bosque vuelve a reverdecer y a florecer y todos, todos, vuelven a ser felices y tal vez más felices que antes eran.
Maestras y maestros de México:

A este bosque yo lo comparo con mi México. Tal vez estemos en un gran incendio político, económico y social, pero yo les pido a todos y a cada uno de ustedes que, por favor, en verdad, por favor, por favor, sean como ese gorrioncito y que todos los días, todos los días dejen caer una o dos gotitas de sudor, de trabajo y de estudio, y así lo hacen, si así lo hacen México, México se los agradecerá y Dios, Dios los bendecirá. (Tomado de http://www.snte.org.mx/?P=articulo&Article=1662)

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