Antecedentes históricos
Hablar de las Misiones Culturales Mexicanas es tomar un hilo conductor que atraviesa varias décadas de labor educativa en este país. Su relación con la educación de adultos, como proyecto que se ha ido construyendo históricamente, tiene significado en tanto ha sido una fuente de inspiración teórica y práctica para modelos, que si bien no toman el carácter propiamente de las Misiones Culturales, sí retornan su espíritu y su sabiduría. Misiones Culturales es una labor educativa, fruto de la historia de la formación del México del siglo XX, de ahí su especificidad y originalidad.
La denominación de Misiones Culturales se relaciona con la función que desempeñaban en el siglo XV los misioneros evangelizadores españoles tales como Vasco de Quiroga, Pedro de Gante, Bartolomé de las Casas, Fray Toribio de Benavente (Motolinía) quienes fueron enviados por los reyes de España a México con la misión de evangelizar a los indios. En 1569, Pedro de Gante fue uno de los primeros misioneros que se ocupó de enseñar y capacitar a los niños en las primeras letras y oficios; actividad que empieza a dar forma a los fundamentos al trabajo de estas instituciones educativas.
Una vez que empieza la capacitación, surge la necesidad de adiestrar a los primeros profesores rurales en oficios y se retoma la idea de que las Misiones Culturales podrían realizar tal tarea, proporcionando en primera instancia los conocimientos necesarios en relación con las características y necesidades de la región y más adelante los oficios en sí.
En 1923, siendo presidente Álvaro Obregón y primer Secretario de Educación Pública Don José Vasconcelos; se cristaliza el envío de los Misioneros Culturales, quienes empleaban en un principio métodos rústicos de la enseñanza, lo cual apremiaba la labor eminentemente constructiva de ambos que como precursores de la educación rural se supieron interesar e involucrar con un conjunto de gente de tipo militarista quienes en su momento dieron las bases de tipo cultural para tal proyecto, dando origen a éstas agencias de educación extraescolar que promueven el mejoramiento económico, cultural y social en las comunidades rurales con el propósito de fomentar e impulsar el desarrollo individual y colectivo.
En 1923, El poblado de Zacualtipán, en el Estado de Hidalgo, es seleccionado para que funcione la primera Misión Cultural y por ser un acontecimiento que reviste especial trascendencia, el propio Oficial Mayor de la Secretaría de Educación Pública, el Ing. Roberto Medellín, jefatura ese grupo de la primera experiencia; una vez instalada esta escuela, el Ing. Medellín vuelve a sus funciones y deja al mando al Prof. Rafael Ramírez Castañeda, quien con todo su empeño deja huella dentro de esa labor.
El segundo ensayo, de la puesta en practica de una institución de este tipo, se lleva a cabo en mayo de 1924, en Cuernavaca, Morelos, teniendo como jefe nuevamente al Prof. Rafael Ramírez, que en conjunto con su personal superan los resultados esperados.
La operatividad y el éxito de estas instituciones hizo posible que en febrero de 1926, las autoridades de la Secretaría de Educación crearan la Dirección de Misiones Culturales y nombraron como directora a la Profesora Elena Torres, experta en trabajo social y educación rural; la cual instruye que cada Misión debía de instalarse en poblados en donde las autoridades estatales de educación se encargaban de concentrar a los maestros de la región. Los cursos se daban en la mañana, en la tarde y en la noche, durante tres semanas. Principio fundamental para que el reloj de la revolución educativa empezara a funcionar.
La presencia de los misioneros en las pláticas y demostraciones para los hombres y las familias del campo fue de gran importancia, no solo por el estímulo y la ayuda que representaban, sino por que tomaban conciencia de la gravedad de su problemática educativa y social.
Las seis Misiones de 1926 establecieron 42 institutos en 42 aldeas diferentes y mejoraron los conocimientos de 2,327 maestros en servicio, que indudablemente, resolvieron muchas inquietudes y esperanzas que sembraron en el contexto de aquel entonces.
En 1927, la Dirección de Misiones Culturales advierte la necesidad e importancia de organizar un curso de perfeccionamiento para misioneros y se lleva a cabo en la Escuela de Verano de la Cd. de México, del 7 de febrero al 19 de marzo reciben orientaciones de: principios de educación urbana y rural, organización y administración escolar; psicología educativa, economía rural y literatura infantil, sociología mexicana, técnica de la enseñanza, higiene y salubridad.
Una Misión Cultural era un grupo de expertos que en conjunto con los maestros que capacitaban, como segunda tarea, efectuaban una indagación sobre el vecindario para saber las características de la gente, que pensaba, como vivía y cuáles eran sus problemas. Esta investigación preliminar, complementada con ciertos principios generales, les daba la base para formular el programa de trabajos que desarrollaban durante las tres semanas subsecuentes; las actividades se organizaban en equipo y consistían en instruir además, de los profesores, a niños de la escuela del lugar, jóvenes, madres de familia, y campesinos en general. Para realizar la clausura de actividades se exhibían los trabajos realizados, se inauguraban las obras materiales y se hacia una gran fiesta en que participaban todos los pueblos de los alrededores. El inspector de la zona, el maestro o maestra del lugar, las organizaciones comunales, promovidas por la Misión, se encargaban de continuar la obra iniciada por esta.
En el gobierno del Presidente López Mateos (1958-1964) se les dio un gran impulso y es en aquel entonces cuando el maestro Manuel Ávila Garibay, Director General de Alfabetización y Educación Extraescolar, apoyó grandemente las acciones de estas.
Al cabo del tiempo las Misiones Culturales han ido consolidando sus objetivos y revisando las bases de su organización y funcionamiento; para lo cual se precisa que se debe tener una zona intensiva y otra extensiva, según las condiciones geográficas y de los recursos de que se disponga, además del establecimiento de los consejos técnicos y de un Comité Pro desarrollo Comunitario.
Alfonso Fabila describía así a las Misiones Culturales:
[…] son escuelas sin muros, cuyos límites están marcados por las comunidades de un distrito y sus habitantes, cuyos lugares de ‘formación son los campos mismos, los talleres y los hogares (lugares todos donde existen problemas humanos), y que se hallan situados preferentemente entre quienes más necesitan de ellas y el propósito que persiguen no es crear profesionales ni trabajadores expertos, sino ciudadanos capaces de mejorar las condiciones de vida en sus hogares y en la sociedad (Hughes, 1951).